El mito de las calorías

caloriasSi las reglas convencionales de la nutrición fueran correctas no existirían la obesidad ni el sobrepeso. En los últimos cuarenta años hemos basado la nutrición en bases poco solidas o simplemente teorías incorrectas.

Y la primera es que una caloría es igual a otra. Por simple lógica, si nos hacemos la pregunta de que es más saludable: 1000 calorías de gaseosa o mil calorías de brócoli no sería difícil hallar la respuesta. Sin embargo lo que nos hace creer la industria alimentaria es que no hay diferencia.

Otra teoría asentada en nuestras creencias es que si quemamos más calorías de las que consumimos vamos a perder peso. Si fuera así, porque es tan difícil perderlo a pesar de múltiples dietas u restricciones?

La ley de Newton de la termodinámica, donde 1000 calorías son quemadas en condiciones de laboratorio no haría diferencia entre la gaseosa o el brócoli. Pero nuestro cuerpo no funciona como un sistema aislado. Somos organismos que vivimos, respiramos, nos movemos, y tenemos características genéticas y fisiológicas únicas e individuales. Eso hace que la comida interactúe de modo diferente en cada uno de nosotros.

Para entenderlo pongamos como ejemplo lo que sucede cuando bebemos una gaseosa. Lo primero que sucede es que el intestino absorbe rápidamente los azucares contenidos en esta (fructosa y  glucosa) ya que son libres de fibra, desencadenando una liberación de insulina marcada con el fin de disminuir esta carga tan alta de azúcar que entro en el torrente sanguíneo. El problema es que la insulina al tratar de solucionar el problema tiene efectos colaterales como son el aumento de grasa abdominal, de triglicéridos, disminución de HDL, aumento de presión arterial, disminución de la testosterona en hombres y contribución al fenómeno de la infertilidad en mujeres. Todo esto porque la insulina es una hormona pro inflamatoria que desencadena un cascada de eventos en nuestro organismo si permitimos estos picos frecuentes de azúcar elevado en nuestro organismo.

No contenta con esto la insulina también afecta la bioquímica cerebral, bloqueando una hormona llamada leptina que controla nuestro apetito, por lo que el aviso “estoy lleno” nunca llega. Todo lo contrario: sentimos más hambre lo que nos lleva a consumir mas azucares.

La fructosa empeora las cosas: Va directo al hígado donde se convierte sin mucho esfuerzo en grasa, no solo en el hígado sino en los tejidos. Esto hace que nuestro cuerpo cambie sus parámetros corporales y el aumento de grasa corporal conduce a una disfunción llamada resistencia a la insulina, lo cual indica que nuestro páncreas debe esforzarse cada vez mas para controlar nuestros niveles de azúcar, conduciendo finalmente a una diabetes en casos extremos.

Además tengamos en cuenta que  una gaseosa carece de fibra, vitaminas, minerales o fitonutrientes que le ayudarían al organismo a procesar estas calorías. Son calorías “vacías”, pero llenas de problemas.

Otro problema asociado. Nuestras papilas gustativas se acostumbran a este nivel de azúcar con lo cual cualquier cosa menos dulce ya nos parece simple.

Ahora, que pasa cuando comemos broccoli en una cantidad equiparable de calorías a la gaseosa de la cual acabamos de hablar? El brócoli esta hecho en gran parte de carbohidratos, como la gaseosa! Pero las características de estos carbohidratos hacen que nuestro cuerpo los procese de manera diferente. Aunque los carbohidratos se convierten en azúcar en el organismo la diferencia está en que los que tienen alto contenido de fibra y poco contenido de azúcar son lentamente digeridos lo que no genera picos altos de azúcar en el sistema y por ende la insulina no se eleva, no hay inflamación ni se desencadena la cascada de la que hablamos anteriormente. Además al comer sentiríamos sensación de saciedad y nuestro cerebro enviaría señales que indicarían “estoy lleno”. El brócoli además contiene ácido fólico, vitamina C, glucosinolatos y sulforafanos que todos juntos actúan como antiinflamatorios e incluso sustancias anti cáncer.

Algunas calorías son adictivas, otras engordadoras, otras curativas, incluso estimuladoras del metabolismo. Es porque la comida no solo contiene calorías, contiene información que puede inducir enfermedad o promover salud.

La clave: enfocarse en la calidad, no en la cantidad

Aquí hay algunas recomendaciones para generar hábitos en lugar de hacer dietas y así cambiar el destino de nuestro metabolismo.

  1. Evita comida procesadas: Mira las etiquetas y si no entiendes los ingredientes, tienen números en lugar de comida como ingrediente evítalos. Come fresco, local, idealmente alimentos integrales, vegetales y frutas frescas.
  2. En lo posible consume orgánico: Existen muchos mercados en la ciudad donde los campesinos bajan verduras frescas todos los domingos para vender en la ciudad y algunos tienen buenas prácticas de agricultura sostenible. Los pesticidas afectan el metabolismo, la tiroides, las hormonas sexuales y nuestro planeta. Sin embargo al cuidar el bolsillo hay alimentos que no tienen una carga toxica tan alta como otros que de no consumirse orgánicos es mejor obviar.

Los 12 sucios o que preferiblemente deberías consumir orgánicos son:

  • Manzanas
  • Duraznos
  • Nectarinas
  • Fresas
  • Uvas
  • Apio
  • Espinaca
  • Pimentón dulce
  • Pepino
  • Tomates cherry
  • Papas
  • Chile
  • Kale
  • Guisantes
  • Coles

Las quince limpias o que su consumo no orgánico no es tan importante son

  • Aguacate
  • Maíz dulce
  • Piña
  • Repollo
  • Guisantes dulces
  • Cebolla
  • Espárragos
  • Mango
  • Papaya
  • Kiwi
  • Berenjena
  • Pomelo
  • Coliflor
  • Cantalupo
  • Papa dulce

 

3.  Busca alimentos con bajo índice glicémico. Enfócate en la proteínas, grasas de buena procedencia, nueces, (no maní), semillas como chía, ajonjolí, linaza, calabaza), coco, aguacate, sardinas, y aceite de oliva.

  4. Come las grasas adecuadas. Limita el consumo de aceite de soya y canola y busca opciones en el aguacate, las nueces, los omega 3, e incluso la grasa animal de carnes de buen origen.

  5.Come más plantas. Estas deberían ser el 75 % del contenido de nuestro plato.

  6. Evita los lácteos. Tienen un gran contenido de azúcar, y está hecha para alimentar terneros, no humanos.

   7. Evita el gluten. Aunque no tengas una alergia o sensibilidad este alimento es considerado uno de los más inflamatorios y activadores de la autoinmunidad, además de su alto contenido de azúcares.

Entonces, vale la pena contar las calorías? Si sabemos que no funciona, si vemos todas las etiquetas con el contenido calórico y seguimos peleando con la báscula, las calorías no son la solución.

 

 

 

 


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