Fatiga crónica? Estrategias que pueden ayudar

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El síndrome de fatiga crónica (SFC) ha sido reconocido como una enfermedad apenas desde el año 1988. Antes se pensaba que era una enfermedad psicológica y que los síntomas solo  estaban en la “cabeza” del paciente. Incluso en febrero del 2015 se ha pensado en llamarla de manera diferente: Enfermedad sistémica asociada al ejercicio, ya que el paciente refiere reducción o imposibilidad para realizar actividades cotidianas que antes hacía, además de sueño no reparador, malestar después del ejercicio, e incluso trastornos cognitivos. Y estos síntomas son mucho mas frecuentes de lo que pensamos.

Otros síntomas adicionales son:

  • Mareo, Dificultad para sostenerse de pie por periodos prolongados
  • Debilidad
  • Malestar y fatiga después del ejercicio que puede durar incluso más de 24 horas
  • Dolor de garganta, ganglios inflamados, fiebre y escalofrío periódico
  • Cefalea crónica
  • Entumecimiento de las extremidades
  • Falta de concentración o dificultades de aprendizaje
  • Insomnio, sueño no reparador y /o sudoración nocturna
  • Problemas visuales como hipersensibilidad a la luz y/o dolor ocular
  • Problemas gastrointestinales
  • Alergias y sensibilidad a comidas, olores o medicamentos
  • Irritabilidad, depresión o cambios de ánimo frecuentes

Terapias que se consideran efectivas en el mano del SFC

Las dos terapias que han sido estudiadas y arrojan mejores resultados en los estudios son la terapia cognitiva y el ejercicio gradual, este último significa que la intensidad y duración del ejercicio deben ser regulados individualmente  e ir en aumento según la tolerancia del paciente. El ejercicio es el mejor aliado para mejorar la salud mitocondrial, esa diminuta pero importantísima fábrica de energía que existe en cada una de nuestras células, y que es la que finalmente se encuentra afectada cuando hay síntomas de fatiga.

Nutrientes para mejorar la energía

Mientras que la ciencia trata de dilucidar los mecanismos por los cuales se produce el SFC, lo que sí es claro es que se genera una disfunción inmune y mitocondrial, y al parecer algunos microorganismos o iinfecciones también pueden estar implicados.

Si queremos mejorar la energía celular tenemos que concentrarnos en la mitocondria, y para ello debemos saber que el estrés oxidativo, generado por producción de radicales libres es nocivo para la mitocondria y así distorsiona la producción de energía. Debemos entonces minimizar la producción de estos radicales libres y además fortalecer el sistema con potentes antioxidantes.

Ayuno intermitente

La forma más efectiva (y económica) de disminuir la producción de radicales libres es el ayuno intermitente. Cuando hablamos de ayuno no me refiero exclusivamente a no comer durante todo el día. Se pueden hacer ayunos de 14 a 16 horas si hacemos la última comida el día cuatro o más horas antes de ir a la cama. Este es el mejor momento para la mitocondria de recuperarse. Además el ayuno tiene otros beneficios como mejorar la resistencia a la insulina, disminuir los triglicéridos, y es una de las claves para la longevidad. Hay que tener en cuenta que no todos somos candidatos a probar ayunos sin antes haber consultado y ser evaluados por un médico en medicina funcional que nos oriente sobre la mejor forma de hacerlo. La medicina funcional evalúa al paciente en su individualidad bioquímica, busca cuales son las disfunciones y decide los cambios y la suplementación a realizar.

Ya hablando de nutrientes existen tres sustancias básicas que son de vital importancia para el soporte de la energía celular y para proteger la mitocondria

Ubiquinol:

Es la forma reducida de la CoQ10 unos de los antioxidantes liposolubles más potentes que produce nuestro organismo.

En personas jóvenes por debajo de los 25 años se puede consumir CoQ10, ya que el ubiquinol es mucho más costoso y un cuerpo joven es capaz de reducirlo a su forma activa, mientras que  personas mayores de 25 requieren la forma reducida, o sea el ubiquinol como tal para asegurar la función.

Curiosamente el ubiquinol se absorbe a demanda, y así, a mayor enfermedad o estrés oxidativo mayor absorción de este. Al ser una molécula liposoluble es ideal consumirla después de los alimentos para asegurar su adecuada absorción.

D-Ribosa

El ATP es una coenzima encargada del proceso energético en cada célula de nuestro cuerpo. Al ser la D-Ribosa un ingrediente fundamental de esta molécula se ha visto que la suplementación además de ser muy bien absorbida mejora la función energética celular, incluso a dosis tan bajas como 500 mg, aunque en casos de fatiga crónica las dosis recomendadas suelen ser mucho más elevadas.

Glutatión:

El glutatión es el antioxidante más potente de nuestro cuerpo y además está implicado en labores de desintoxicación hepática, pero su función principal es promover un sistema inmune saludable. Y aunque no está implicado directamente en la producción de energía, al favorecer la eliminación de toxinas y ser antioxidante favorece de otra manera un adecuado funcionamiento celular.

Cómo elevar naturalmente los niveles de glutatión

Ya que el glutatión oral es difícilmente absorbido, hay que asegurar suplementos de buena calidad que tengan moléculas transportadoras que favorezcan su absorción, o de otro modo “comer “ precursores del glutatión.

  • Una buena alternativa es la proteína del suero de la leche. Por favor asegúrate que no tengas una intolerancia a esta  y además busca que la fuente del suero sea de leche orgánica o criada con pasto y sin endulzantes artificiales añadidos.
  • Los alimentos ricos en selenio y azufre también ayudan a mejorar la síntesis endógena del glutatión, entre ellos están las crucíferas, como el brócoli, el coliflor, repollo, kale.
  • Fuentes de origen animal como el huevo, y los órganos de animales son ricos en azufre y el cordero, pollo y pavo en selenio
  • Hierbas como el cardamomo, la canela, la cúrcuma y el cardo mariano
  • Las nueces del Brasil y de girasol

 

Aunque la fatiga crónica es un problema complejo, hay esperanza. Cambios en el estilo de vida han demostrado definitivamente un aumento en los chances de recuperación.

El mensaje final es que nuestro cuerpo requiere muy poca energía mientras duerme, y adicionar calorías cercanas a la hora de ir a la cama generan un exceso de radicales libres que algunos organismos fatigados no se pueden dar el lujo de recibir, acelerando el proceso de envejecimiento, fatiga y enfermedades crónicas.

La medicina funcional hace un enfoque multipropósito donde al evaluar las necesidades y carencias individuales optimiza la adecuación de los cambios y la suplementación necesaria en cada caso.

 


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